McGuigan, un “red” del Liverpool llega a Bilbao.

(Marzo – 1913)

Siempre he sido un enamorado del fútbol británico, no lo voy a negar ahora. Su simple alusión trae detrás de sí un eslabón de recuerdos de los que hay que rumiarlos con cariño para que se dilaten un poco en historia.

1913 FOT DEL DEPORTIVO EL DIA DE LA INAUGURACION DEL CAMPO

Club Deportivo Bilbao, el día de la inauguración de su campo en Alameda Rekalde. (1913) McGuigan es el segundo jugador de pie de la izquierda.

En mi corta estancia juvenil en Londres, allá por 1909, asistí a un partido de la Selección inglesa versus la escocesa, en el estadio adosado al imponente “Palacio de Cristal” en el sur de Londres. Era el primer partido donde presenciaba jugar a los profesionales ingleses. Aquellos con los que había soñado e idolatrado en mi imaginación desde mis luchas infantiles en Averly con una pelota que costaba cinco céntimos y donde jugábamos en alpargatas mientras los padres de los Escolapios se preguntaban porque no habíamos asistido a clase de canto aquellas tardes.

Nunca podré olvidar aquel día del 3 de abril del “Palacio de Cristal” en 1909. Recuerdo con emoción a un mozo rubio, gallardo y ágil que corría la línea derecha del once inglés y que realizaba aquellos inteligentes cambios de juego a los pies de sus compañeros a la sombra transparente del “Palacio de Cristal”.

Su nombre era Fred Pentland, quien por entonces jugaba en el Middlesbrough, y formaba el ala derecha inglesa con Harold Fleming, quien con el tiempo se convertiría en una leyenda “One Club Man” del Swindon Town. En el equipo escocés espigaba sobre dicha ala Peter McWilliam, un medio izquierdo que jugaba en el Newcastle y era conocido como Pedro, el grande. No tenía palabras suficientes en describir lo que pude sentir viéndoles jugar. Aquello era football en estado puro y me di cuenta, por como bombeaba el corazón mi sangre, que mi vida estaba cambiando para siempre.

Fredbpentlandengland1909

Fred Pentland en 1909.

¿Quién hubiera dicho que el chico internacional que yo vi allí en 1909 iba  a ser el mismo hombre venerado veinte años después como profesor de arte en San Mames?

– ¿En qué estás soñando, hijo? – me devolvió Antonio Bandrés a mi vida actual del Bilbao de 1913 donde se podían escuchar con toda claridad la actividad de la ría del Ibaizabal en todo su apogeo.

El estimado presidente del Deportivo Club, bajo la espléndida fachada de la recientemente inaugurada Sociedad Bilbaína, me acababa de presentar al nuevo jugador escocés, de nombre McGuigan, que había llegado a la villa recomendado por la Federación inglesa de football como entrenador-jugador del nuevo equipo de Bilbao que se estaba formando para deleite de los bilbaínos. La inauguración del primer campo de fútbol de Bilbao estaba próxima y se adelantaría por algunos meses al campo que el Athletic estaba construyendo en la prolongación de la Gran Vía bilbaína.

– Sorry, Sir. Nice to meet you! – balbuceé sonrojado mientras le soltaba la mano después de un prolongado “shake hands” como dirían los ingleses.

Días atrás había recibido una carta de Ramón Silva que vivía en Liverpool detallándome el historial futbolístico del nuevo habitante de la villa. Ramón Silva Abaitua, junto a su hermano Luis, fue uno de los primeros “soccers” del botxo. Contemporáneo de Langford, de Luisón Arana, de Enrique Careaga, de Walter Evans, de Juan Astorquia, de los hermanos Castellanos, del excepcional William Dyer, … y de tantos otros ilustres jugadores bilbaínos que habían conseguido ganar la primera Copa para el Athletic, o Bizcaya como ustedes quieran, en 1902. Ramón era un jugador pequeño, nervioso y activo que jugaba de delantero a principios de siglo y ahora trabajaba en una oficina de algodones de Liverpool. Se había enamorado de la hija de un marino vasco con la que se había casado años atrás trasladándose a vivir a Inglaterra.

Sus glorias futbolísticas no le habían envanecido por lo que le solicité algunos días atrás, por mediación de Alfred Mills, otro ilustre jugador fundacional del Athletic, que me informara de aquel profesional del Liverpool, desconocido para mí, que dirigiría al incipiente equipo bilbaíno. No quería que pasara lo mismo que años antes había sucedido con el orondo Mr. Shepherd, aquel primer entrenador del Athletic que había fracasado rotundamente en 1911.

Según los detallados y extensos informes que había recibido de Ramón Silva, Andrew “Andy” McGuigan era un futbolista profesional internacional escocés que en su primera temporada, proveniente del Hibernian escocés donde se había convertido en el máximo goleador del equipo, se proclamaría campeón con los “reds” del Liverpool, por primera vez en su historia, de la “First Division” (denominada en el siglo XXI “Premier League”) en aquella lejana temporada de 1900-1901.

LIVERPOOL 1900-1901

Liverpool 1900-01. McGuigan es el tercero por la izda de la fila superior.

Pero McGuigan, como jugador, iba a ser recordado en la historia de los “reds” por otro motivo que todavía ningún jugador del equipo de Liverpool ha sido capaz de superar desde la temporada 1901-02. En aquella temporada lograría anotar 5 goles en la victoria por 7-0 sobre el Stoke el 4 de enero de 1902. Sería la primera vez que un “red” conseguía tal proeza. Luego, otros jugadores míticos como John Evans, Ian Rush o Robbie Fowler, conseguirían igualarle muchos años después.

Aquella hazaña, según parece, resultó más fácil de lo esperado ya que los jugadores del Stoke debían sufrir un envenenamiento por alimentos después de comer pescado en mal estado antes del partido y durante el encuentro tenían que abandonar su puesto para vomitar.

LIVERPOOL 1901-1902

Liverpool 1901-02. Mcguigan es el primero por la Izda de la fila inferior.

Después de dos temporadas con los “reds”, los problemas de lesiones le obligarían a deambular por equipos como el Middlesbrough, donde sólo podría disputar un partido, Southport Central, Accrington Stanley, Burslem Port Vale, Bristol City, Barrow y Exeter City, para reintegrarse después a la disciplina del Liverpool como “explorador” encargándose de evaluar el talento de jugadores de otros equipos que pudieran interesar al equipo inglés. Entonces llegó la llamada desde Bilbao solicitándole sus servicios.

– Oh, my god! Delicious! – respondió McGuigan al camarero mientras saboreaba un vino de la casa en el Gran Hotel Londres, situado en el Arenal nº2, donde nos habíamos desplazado a almorzar un menú compuesto por huevos al plato, salmón griyé, riñones a la broch y chuleta de ternera con patatas.

Mientras le veía engullir el postre, compuesto de canutillos y queso, intentaba desentrañar lo que el futuro depararía al equipo bilbaíno del Club Deportivo. Numerosos “equipiers” que habían pertenecido al Athletic anteriormente iban a jugar junto al nuevo medio centro escocés del equipo del Club Deportivo. Los afamados “Juanito” Arzuaga, Remigio Iza y el propio Alfred Mills, junto a jóvenes como Cabieces, Dapousa o Rica, formarían un exquisito y, sobre todo, combativo equipo bajo la batuta de McGuigan y otros elementos menos experimentados, pero con gran entusiasmo, como el portero Cebrián o el hermano pequeño de los Astorquia, Ricardo, quien años después se convertiría en Campeón de España de Peso.

Mi imaginación, como los meses posteriores se encargarían en demostrar, se quedaría insignificante comparándola con la realidad. Como iba a imaginar, entonces, aquellos magníficos partidos disputados, en los meses posteriores, de poder a poder contra los equipos guipuzcoanos de Irún y Donosti, el encuentro contra el FC Barcelona en la clasificación de la dividida Copa de España, aquella histórica victoria contra el Illford, el competido partido de una Selección Vasca contra los “Old Xaverians” de Liverpool un “martes 13” donde McGuigan ejerció de entrenador, o incluso aquel histórico partido contra el Arenas donde “Pichichi” debutaría como árbitro y McGuigan tuvo que salir expulsado del terreno de juego siendo su último partido como jugador en Bilbao. Así sería como se convirtió, sin quererlo, en el primer jugador expulsado por el mítico y conocido por todos como Pichichi (aunque yo siempre le he llamado “Pichichín” como le llamaba mi aita).

Pero no adelantemos acontecimientos. Hablaré de todo ello a su debido tiempo.

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